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En la sepultura de estas calles

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  Circulando los desiertos habitados, la huella frágil impresa en la memoria. Solo un paseo tan común como ir de compras me fue necesario para asir el vacío, beber de las sombras. Entre gotas tardías por lluvias pasadas mis pies trazan la ruta, sin prever el impacto de salir de la cueva. Hasta cerrar la puerta que me precede, podía intuirlo. Pero la experiencia de ver el paisaje pasados tantos años, un paisaje tan ordinario, tosco, invisible para la programación humana que busca todo lo sorprendente, ha sido como estar en una fila donde hay pocos pero la recepcionista es demasiado lenta, y ver la fila colindante repleta de gente, que acompasados, pasan y pasan sin mucha espera. Las calles solitarias transportan toda la sangre a la cabeza en una búsqueda de la explicación de lo que ves, y también, cómo uno encaja en la película.   Calles aturdidas por el abandono. Son cuatro líneas en común por un aroma, cuadrado gris desprendido de los giros del mundo. Una respiración profunda...

El choque entre el pasado y su reprobación

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   Traza una línea para redirigir la nave, girar el timón y correr detrás del iceberg. Es que las inmutables aguas de su sendero lo convierten a él en un gigantesco hielo inmóvil. Pero tiene el auxilio (aún en la cauterización de la razón) para la parálisis que encadena sus pies: Destrucción. Los interventores no existen en la embarcación. Cada minuto perdido es la victoria de la nada. Hace falta inclinarse por la brusquedad que despierta y despabila. Un sacudón que implosione en el enquistamiento. Una aterradora ola que empape la sumisión del sinrazón, empujándolo hacia atrás en un choque seco contra la turbulencia de las fosas.  La condena del ahogado, pelear contra sus limitaciones y tragar su propia composición, en cantidades incalculables. En el tiempo final se agudiza la memoria de las decisiones y la tragedia pasa a ser un enorme timón carbonizado sobre la garganta de su angustia.  La película se corta. Cesa la imaginación del trágico cierre. Despiertan los se...

Cambian bajo tus pies

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   Un sorbo insípido aislado del manjar que descansa en nuestra mente, es el ansia de una vida en nuestras manos mezclada con la agudeza de lo que hoy no podemos sostener.  Persiste la ofensa confundida de la primavera, haciendo gala de la luz adherida a un lugar, el firme suelo que recubre la consistencia que no nos deja caer. Un extraño nos hospeda. A decir verdad, el extraño más extraño que nos interpela es la humanidad que atañe esta idea, esta letra sencilla, la naturaleza que carga con el pensar y el hacer tuyo y mío.  En suma: la realidad atemporal la constituye el sostén material inicialmente extraño junto con los cuerpos racionales sostenidos por la extrañeza, quienes parten en una ignorancia de la naturaleza, es decir, se ven a sí mismos también como extraños, impropios, en tanto surgen de la ignorancia y su conciencia racional se fomenta desde la nada, hacia un conocimiento que percibe una materialidad que esconde su origen en la misma materialidad.  ...

La reclusión inhumana de estar sin pertenecer

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   Desarraigados de un lugar, aculturales .  Son el génesis del apocalípsis. Materia humana sin pertenencia. Conducen cada partícula a una teocracia esclavista donde la Patria se relega y ocupa el lugar una dominación constante de abstracción, donde se reconocen ajenos a todo lo que no rodea su credo.  Aspiran incansablemente a la reducción de la materia, de los deseos, descuidando sus propios principios.  Son cuerpos vacíos sin claustrofobia. La resina que vive del azar del viento, destinada a perecer oculta del sol.  Por sus labios se deshacen suspiros fastidiosos, síntomas de sus contradicciones existenciales, que los asfixian al respirar, porque se respiran a sí mismos.  Quienes accionen su fe pisando la tierra, se verá dentro de un contacto a través de la confianza. Pero los que utilizan un credo que los vuelve páginas en blanco, sin historia, sin tierra, sin costumbres, sin memoria, se atan de manos y pies, en espera de una redención particular, ...

La puntería nos aleja de la posición

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 Discurre el hachazo en el corazón del tronco difunto ilustrando la virulencia de la utilidad. Nubes de polvo en tonalidades anaranjadas expiran en un viaje irregular y desconocido, sofocando el descanso de una trente recalentada y sudorosa. Las astillas rebeldes resbalan sobre el esfuerzo ejercido pisando cansancio. A la refrigeración natural la interpela, la oscuridad inhóspita que lo rodea. Sin regulación, terreno árido para una "zona asegurada".  Todo sucede en un hachazo. Se cambia el bronce por el oro, Se mueven las fichas y el leñador no se entera de la jugada. nada se interpone entre la potencia del tiro y la mirada que lo vigila, aunque en ello se pierda una táctica del drama para vencer y pagar la desatención. Un solo movimiento impulsado por la intención recae en un punto para estrellar con violencia la conquista, en múltiples direcciones.  Todo ocurre en una gota de sudor, en el segundo donde las neuronas se exigen y nos separan del tiempo. Cuando el hacha da ...

El eterno hálito de extinción

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 Soy un rayón entrecortado por los surcos del tiempo, que me avienta su soplo incansable, ecuánime, desdibujando lo que él mismo construyó.  Soy la articulación de un árbol ordinario, que en momentos iniciales favorece un bien mayor y luego queda colgando hacia el vacío por la insensatez infantil de un niño y sus juegos.  Soy el último tejado del techo, pasivo, inerte, un componente más en la protección de un proyecto familiar, recibiendo soles y lluvias, y que por momentos me toca dar caída a la frescura tempestiva de los cielos.  Soy un mundo edificado entre los lados de una copa de vidrio, completamente sometido a mis propias limitaciones, a las propiedades que restringen el alcance de mi mundo. Un interior desarrollado de manera delicada y compleja encapsulado por capas de fragilidad.  Soy el verso fiel de una ópera; la pisada que se acomoda en el borde de una montaña, clamor del precipicio; el muelle furioso en la contención de las olas embravecidas.  ...

Fusión del arte

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   El claustro rodea a los visitantes que tiñen el tránsito de fugacidad. Encuadra la tarde las pinturas sutilmente ignoradas por la ignorancia de su hermosura. Son tres marcos equidistantes entre sí, congeladas en la delicadeza de un muro que supone ser marrón, pensado rigurosamente para un momento, una ocasión, donde llegue su apariencia a la mayor capacidad de excelencia.  La galería ha nacido para lucir destellos de sol. Espera a su compañero durante la mañana fría y recibe un abrazo detrás del arte, en el backstage se sientan a repasar sus respectivos días. Reluce en las equinas la fiel iluminación.  Calor y luz. Arte y diseño. El cuarteto que gesta el espectáculo disimulado que se disfruta en el silencio. Escucha quien habla en ese claustro. Que pase quien tenga que pasar. Imita la inmovilidad de lo que ves y atrapa la fusión disimulada del arte.

Somos fragilidad

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 El poder se adorna como ser imbatible. La espada del líder marcará el norte del progreso motivado por la perfección en un cuerpo que jamás tocará el estrado de plenitud.  La consumación de la virtud es el anhelo insaciable presente en el tiempo. Pero también hay un anhelo persistente amparado por la ilusión del progreso: otra mayor naturaleza.  De la misma forma que vejez no es madurez per se  , el avance del tiempo no es avance, no es progreso. No lo determinan las magnitudes de las preocupaciones contemporáneas, sino el calibre de las pertenencias de la identidad.  Las piedras del camino y el resto de ellas son demostración suficiente que relevan la fragilidad humana. El estornudo de los cielos destruye de manera humillante los rugidos obstinados del Hombre. El zumbido de lo Supremo a nuestros oídos es estruendo letal.  Ante este contexto, creo encontrar los irrefutables vestigios del progreso, las claras marcas reveladoras de una naturaleza exigida en u...

En la incomodidad de lo indefinido

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  Una brisa cautiva del tempestuoso futuro que niega repetirse en la polución de un eterno presente congela la sangre, aprisiona las expectativas auténticas del gentío odiado.  Zumbidos inexactos donde resuenan la esperanza y la  incertidumbre despegan en conjunto, pisoteando cada timbre impasible. Desconciertan con una maniobra invisible, tosca en sí misma; ambicionan el poder de la atención.  Brusquedad y caricia, el golpe de la ilusión en la normalidad, que desaparece y se esfuma con la desaparición del refugio del arte. El rincón literario, cuna exótica de la crítica, reducto minúsculo de razón, atrae la explosión de una turba acéfala, camina en constante finitud por la incomodidad de una simple  existencia.   Nos quitaron las armas, entregaron a la hoguera el resguardo de los días sin tinta. Hicieron trizas esa figura tallada que acomodaba el manantial de una fuente, el recorrido circular de las aguas del telón superior. El privilegio de ser cobij...

Espejo del abismo

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  Repetir la sed y el ansia. Amalgamar el peso de todo lo que fue, y es. Quién conciliará el sueño si el insomnio alimenta el deseo, y no la necesidad.  El escabroso terreno no entona el eco de la soledad. Es el pegajoso abismo, que se replica sorteando la claridad, dejándola atrás.  Claudican las estrellas; se suprime la visión y se multiplica la conciencia. En esa parálisis de la completitud la realidad más cruda es funcional a la corriente abismal. En su génesis converge todo rastro de abdicación, aunque la permanencia se justifique por la sinceridad de un espejo de agua, fiable, que convence, atractivo por ceder un diagnóstico que la propia auscultación no puede aportar.  Mientras la ciudad duerme el motor de la reflexividad colisiona con la confusión, con la anchura del abismo. Levita la conciencia en la ausencia de luz. No hay miedo a la permanencia si conseguimos la respuesta a los sucesos que se escabullen enfrente nuestro.

Los empujones de la homogeneidad

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  En el recorrido común que distingue la totalidad. Una conclusión que contiene la necesidad primaria de alejarse del asunto. Dejando lugar a la contemplación del plano se acentúan los trazos, los recorridos, las formas.  Que mayor satisfacción interna, que la de verse entrometido en los garabatos que iluminan lo que soy.  Observo el asunto mientras me encuentro dentro de ese asunto. Soy parte del juego de la identificación.  Camino con los míos, el perfume que nos une es un continuo presente. Los pasos hermanos afirman la confianza de transitar sin conocer el futuro, y llegan a cotizar más el camino compartido que el objetivo en común. No encuentro sensación más excelente que la conexión que produce anticipación.  En las venas de la humanidad circulan comunidades. Quien observe por fuera las verá. Los que no levanten la cabeza llamarán mundo a un subgrupo.  Nadie queda exento del juego. La misma espontaneidad inconsciente comprende una atracción decidida h...

Encriptado en el pasillo triste

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 Conmovedor silencio, en el perfume melancólico del abandono. El eco de la nada retumba y se deshace en las estructuras que rodean el paisaje. Cada esquina desolada amplifica las tonalidades de la penumbra. Entre pastos se enredan las hojas por la dispensación de los vientos y en la koinonía que produce la naturaleza, abrazan intensamente cada recóndito del paredón.  La desprolijidad se roba la atracción y la atención de quienes buscan el color vivificador y la majestuosidad de los sentidos. Para ellos será el plano invisible de la travesía. Simplemente ocuparán un espacio. No hablan ni dicen nada.  Los pasos perdidos contemplarán el clima sombrío de sus caminos.  Rincones emanan un frío que solo los ojos captan a través d lo que concluyen, y esa frescura es absorbida exhibiendo la insignificancia de su presencia casual.  Todo se mimetiza cuando se camina por aquella oscuridad silenciosa. No hay comprensión sin disposición. Si las paredes, frías y abandonadas, e...

la galería de las incógnitas

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El desafío de hallarse a sí mismo en planos translúcidos por el agobio de las multitudes, que vitorean en todos lados la extensión de su sangre desconociendo el caudal escarlata que llevan en sus cuerpos. Ese espacio irracional, donde presencio tu vida sin poder verme, en el que mis luces escénicas te enfocan dejándome en la oscuridad soslayable, despertará en la caducidad del sistema la desnudez mundial. Paridos por lo público, criados con la esperanza de ser invisibles. Cohabitan en el orden de lo previsible, en donde la existencia es existencia si la humanidad del ser, asesina el rugido de su mente, para adherir al silencio acéfalo de lo contemporáneo. No desestiman el juego arbitrario de la exposición como imperativo, que resta identidad al sumergido y agiganta la figura del sistema. Es la condena inconsciente de democratizar lo privado. Estar parado en esa inmensidad, que con el tiempo multiplica su patrimonio y hace crecer su corporación, clarifica la necesidad primaria del que e...

Sé como yo quiero

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  Sé como yo quiero...y comerás de mi mano. Tus preocupaciones serán las mías y en mi almohada reposará tu futuro.  Sé como yo quiero. Tu piel no probará jamás el látigo del viento helado ni el desamparo en tiempos de lluvia. Tus necesidades serán objeto de mis obligaciones.  Sé como yo quiero y los caminos largos pasarán de ti. La grandeza prescindirá de desiertos incómodos. La gloria se esconderá entre puentes de claveles y rosas.  ¡Sé como yo quiero! Las piedras serán panes cuando la soledad llegue. El esfuerzo descansará sólo en el recuerdo de un pasado propio.  Sé como yo quiero...y no habrá más costo de vivir, que tu propia identidad. Traspasa tu elección y viviré por ti.  Sé como yo quiero que seas. Convierte los riesgos en reticencias de ser uno mismo y serás la prolongación de mi respiración.

En mi cápsula fragmentaria

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  El círculo personal como reconocimiento del mundo real recoge una verdad inalterable: la fragmentación de la realidad.  Lo que se proyectó como "muro personal" concluyó como "marco real" de los acontecimientos de la vida en sociedad.  Se necesita alejarse de los hechos para ver la realidad de la realidad fragmentada. De los hechos personales a los hechos públicos y "veraces" transita la virtualidad, estratégicamente confusa, invisible para los micro-habitantes, inexistente para el rutinario ser enfrascado.  Cuando se uniforman las voces de lo público la perspectiva racional nos hará conscientes de que, aquello "público" en verdad es privado. No nos permite autoengañarnos: hay otras voces, somos más que un grupo monocromático. En donde hay posibilidad de omisión externa no  existe realidad. Solo surge la ficción personal, exenta de lo ajeno.  En el campo de lo real se levantan inmensidad de voces, diferenciadas por incontables matices y muchas p...